9 de enero de 2012
Entre Encantadores y Magos: Parte III
23 de septiembre de 2011
Entre encantadores y Magos: Parte II
11 de julio de 2011
Entre encantadores y magos .
- "Calle 5, Casa de las Caras, Barrio Marak." - venía diciendo, era mi dirección.
Varios días después, senté a Edrid, en el sofá del estudio, ella se tumbó con desgano mientras recogía las piernas contra el pecho y sus ojos espiaban por encima del espaldar; la vida que corría detrás de la ventana.
Los días pasaban sin más, comer y dormir, mañana, tarde, noche, y Edrid obediente, se sentaba sin hacer ruidos ni preguntas cada día en el sofá. Había veces que yo me le quedaba viendo desde lo profundo del estudio o desde la puerta y al descubrirme, me respondía con una sonrisa.
Los meses pasaron tan rápido como los días, y al noveno ocurrió algo extraño. Edrid, saltó del sofá, y buscando las sandalias y el chal blanco, salió disparada afuera de la casa... yo la seguí.
2. Edrid.
- Y dime Eva, ¿Por qué no tienes un perrito de verdad?
- Tenia que salvarte. - respondió Rob. - te matarían tarde o temprano, borre ese encantamiento de tu cabeza, y ahora solo hay un hueco en donde antes habían cosas magnificas, ya no eres grandiosa Edrid, eres común... como yo.
Y una luz blanca le segó, y luego todo quedo en penumbras.
8 de junio de 2011
Épicas 05: Un libro; El viejo y el mar.
Si alguien quiere aprender de dignidad, debería leer este libro.
Es un libro cargado de humildad, sencillez y fuerza, y porque no decirlo de Maestría. Yo nunca había leído un libro de Ernest_Hemingway, apenas lo terminé de leer la semana pasada, no creo que antes haya tenido la oportunidad de leer algo tan claro y sencillo, tan magnifico, que no hace falta esforzarse para imaginar la historia que se esta contando.
Esta de más decir que lloré con Santiago (el Viejo) y lo acompañe en su barca, mientras le veía luchar contra el mismo y contra el pez, y luego contra los tiburones. Extrañé al muchacho (Manolin) junto a él y me hice seguidor de Joe DiMaggio. Y por ultimo, sufrí cada rasguño, incluso soñé con los leones, al lado del viejo.
Quizá para ti, que me lees esto no sean más que locuras y frases disconexas, pero cuando se lee un libro como este, no hay forma de resistir la marea, y te dejas llevar a donde sea que el escrito ha escogido.
Eso tienen estas obras maestras, dejan que dentro de uno sigan creciendo las ideas incluso cuando se ha terminado de leer.
No creo que se a el único que recomiende este libro, pero sin duda tengo que hacer, sin salir del cliché, "Merece ser leído".
Espero que lo leas y si no es pedir demasiado, me des tu comentario.
¡Saludos!
30 de mayo de 2011
Quemar.
Ese día lo recuerdo bien, ese día murió mi madre.
Ocurrió, mientras Anna jugaba con su perro entre la plantación de platanales. Corría detrás de él, que había agarrado un plátano y movía la cola emocionado, lo atrapó en un abrazo peludo, cayeron los dos al suelo, entre las risas de Anna y los ladridos del perro.
Un golpe se escucho a su derecha, allí donde su madre estaba recogiendo la cosecha, ella se detuvo y el perro dejó caer el plátano, mi abuelo estaba sobre el cuerpo de mi madre, que estaba tendida en una postura incómoda. Ese día murió.
Nadie guardó luto por ella, todos siguieron trabajando como si nada hubiera pasado. Anna comprendió, que las cosas ahora serian diferentes. Su abuelo que nunca antes le había prestado atención, pero ahora arrugaba la cara cada vez que la veía llorar e incluso le golpeaba para que dejara de hacerlo.
Una noche, su abuelo la sacó de la cama tirándole del brazo, ella gritaba pidiendo ayuda, pero nadie vino. Afuera de la cabaña estaba una vieja gorda esperándola, con una lámpara iluminándole el rostro y detrás una carreta con una jaula. Su abuelo la metió allí. Y La vieja le entrego una bolsa llena de monedas. Ella no hizo más que llorar y un solo pensamiento le vino a la cabeza. Me han vendido.
Dos niñas más fueron compradas esa noche, lloraban tan fuertes que los gemidos de Anna quedaban escondidos. Al amanecer, llegaron a una casa de cemento gris, que en la orilla, tenía una jaula grande con más niñas dentro. Había dejado de llorar hace rato, pero esa imagen le partió el alma.
Dentro de la nueva celda los días iban pasaban lentamente. Ella no sabía que pasaba dentro de la casa, pero allí, los hombres llegaban y las miraban como pollos en el mercado, sacaban a alguna de ellas y ya no volvían. Pronto Anna quedo sola en la celda.
Aquella tarde, lo reconoció a un hombre, llevaba un saco largo y un sombrero negro, ¡Es mi Abuelo! - Pensó ella con emoción. - seguro se ha arrepentido.
Quiso gritarle o decirle algo, pero él entró en la casa y se quedó allí dentro, ni si quiera la miró de refilón. Al cabo de un rato, su abuelo salió de la casa, y habló con el hombre que había sacado a las otras niñas, de pronto y el tipo se carcajeo.
- ¡Eres un enfermo, viejo! – le gritó el hombre a mi abuelo. El hombre entró a la celda y le puso un par de grilletes. - Hazle caso al enfermo de tu abuelo. - le dijo al oído a Anna, y se marcho dejándola allí con la celda abierta.
- El no me salvará.- pensó Anna.
Su abuelo la sacó de la celda halándola por la bola de plomo de los grilletes y la llevó a un cuarto pequeño que olía a orines, dentro solo había una camita estrecha, y una ventana sucia.
No hubo tiempo de pensar, su abuelo le descargó una bofetada, y el dolor fue tan grande que el mundo desapareció. Cuando despertó él estaba sobre ella, y ya no llevaba grilletes, estaba desnudo y ella no sabía qué hacer, gritó, lloró, y él la tomó del brazo y empezó a quitarle la pijama.
Fue cuando su abuelo pasó la lengua por el borde de su cara cuando todo cambió, la rabia y el miedo de Anna se habían convertido en algo más. Y cuando empujó a su abuelo, el viejo no reaccionó. Se había quedado tumbado sobre ella, con una mueca de dolor.
Anna se arrastro a un lado y el viejo intentó agarrarla pero también se tomaba el pecho. Estaba sudando ahora, ella retrocedió y se tropezó con las botas que habían quedado regadas en el cuarto, salió rodando un cuchillo, el viejo abrió los ojos sorprendido al ver a la pequeña tomando el cuchillo y Anna, no lo pensó, no había nada que pensar, no en ese momento y como si aquello fuera lo más natural, apartó la mano temblorosa del viejo y le cortó el cuello.
Un chorro de sangre caliente baño a Anna, los ojos desorbitados de su abuelo y se fueron apagando hasta que su cara de sufrimiento quedó paralizada en una mueca grotesca.
Anna sonrió. Salió del cuarto, y en frente había una cocina, estaba vacía. Sobre la hoguera, un lechón se cocía a fuego lento, tomó una leña e incendió la cocina, y el cuarto donde estaba el cuerpo ensangrentado de su abuelo.
Las paredes no tardaron en arder, entró una mujer asustada y Anna le reconoció de inmediato, la apuñaló, el cuchillo entró y salió de la panza de la vieja hasta que no quedaba sino un montón de hoyos chorreantes, Anna sonreía, pues podía mirar la cara de la vieja, sufriendo.
La casa se quemaba y ella escapo, chocando con hombres y niñas que huían de las llamas, ella no huía, ella estaba en éxtasis saboreando este nuevo sentimiento, un sentimiento que simplemente llamó... quemar.




